Un poco de ritaline en el biberón... La hiperactividad infantil, entre mito y realidad.



Actualmente, “el menor desvío, demasiada impulsividad, un débil control sobre sus emociones, una cierta intolerancia frente a las frustraciones…" hacen caer sobre la cabeza de los niños, en la sospecha de ser futuros agitadores públicos, cuando no semillas de delincuente y ¿por qué no?, posibles terroristas. En consecuencia, desde hace años, la hiperactividad reina en los Big Pharma y en los laboratorios de investigación. En los cuatro rincones de los países industrializados, se ha corrido la voz... haciéndole la boca agua a más de uno...

Se necesitan nuevas moléculas para apaciguar la extraña agitación que corre como una epidemia entre los niños... Especialistas, investigadores, pedopsiquiatras, químicos, médicos, periodistas, psicólogos, educadores, patrocinadores, asociaciones tienen "tela que cortar"... La hiperactividad infantil se ha convertido en el objeto de todas las atenciones y codicias. ¿Quién crea a quien? Se ha abierto una nueva vía para la obtención de créditos de investigación y claro, más uno tiene dinero, más investiga. Sin embargo, ¿encuentra?... ¿Es la salud que crea el mercado? O ¿el mercado que crea la enfermedad?




¿Según que criterios se diagnostica el ADHD? Actualmente, es la Asociación Americana de Psiquiatría que establece las pautas de la sintomatología, haciendo que la hiperactividad infantil encaje con un modelo estándar de diagnostico y de terapéutica. Sin embargo, el consenso científico, que no está exento de controversias, de teorías y contra teorías, sólo se interesa al cómo, al contrario de la medicina homeopática que se interesa al por qué y a entender quien es el niño que sufre… Pero, el enfoque actual y casi global permite eludir el hecho de poner en cuestión nuestros sistemas social, educativo, familiar y de salud. De todos modos, ¡no hay que buscar cuatro patas al gato! La solución a ese problema es muy sencilla: es suficiente añadir a los biberones de esos niños indomables, unas gotas de psicotropes, capaces de controlar su carácter cambiante. Así, entre Ritaline y Prozac infantil, los psiconeurolepticos se han convertido en una panacea, dejando de lado el por qué de esa epidemia creciente de trastornos comportamentales. ¡Qué más dan los efectos secundarios a largo plazo del Ritaline u otros psicoestimulantes!

Esperemos que este libro abra una reflexión más tierna y no menos rigurosa con el fin de ofrecer una verdadera oportunidad a todos estos niños, que en cierta manera, hemos participado a ponerles mal en su propia piel”… nosotros mismos.

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